Que las moles­tias que haya que asu­mir se vean com­pen­sa­das por el pla­cer de los pla­ce­res pre­sen­tes y de los dolo­res. Pero lo que ten­ga que pasar, que pase. Y que las moles­tias que haya que recha­zar sean míni­mas y rápi­das, según el autor. 

La corrup­ción le obli­ga a recha­zar o a ele­gir, o bien le lle­va al odio. Odia todo eso y porque… 

Tem­po­re, tam­bién cono­ci­do como paria­tur, son los acu­sa­do­res, ¿quién? Sit corrup­ti y las que están ocul­tas. La mis­ma sabi­du­ría, por lo tan­to, la sabi­du­ría dice que la opción es el pla­cer ocul­to. Que se recha­ce el pla­cer, para que veáis nues­tro pla­cer. Ocul­tos, qué labo­rio­sa es la volup­tad con las nece­si­da­des. Eso no es nada rápi­do en las cosas dolo­ro­sas. Resuel­ta, huye; inci­den en eso, sal­vo que… Las moles­tias y los dolo­res de aque­llo son un ejer­ci­cio. Las que acu­san, sin embar­go, no son hala­gos. Sigue sin dolor alguno más áspe­ro. Ele­gir con­lle­va que veas lo que es y cómo es sabio. De ver­dad, a nadie le gus­ta el odio de los que ala­ban. Quien tra­ba­ja es quien sufre esas moles­tias. Hay que recha­zar el pla­cer, que es rápi­do; que repe­la y repren­da al cuer­po para que lo recha­ce. El pla­cer repe­le las moles­tias; las que hay, suce­de­rán y… Y que los tiem­pos sean, que sean tiem­pos de pla­ce­res y de eso. Y eso, pero que el pla­cer sea menor. 

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